Gran Imaginador
octubre 25, 2021
Deporte

Ramón Quiroga, un portero bajo sospecha

La Copa del Mundo del 78 se celebraba en Argentina, en plena dictadura de Jorge Rafael Videla, lo que suponía una excelente oportunidad para ofrecer una apariencia de normalidad al mundo y también para dar una alegría a una población argentina que tras dos años de dictadura ya era consciente de la crueldad del gobierno de Videla, con desapariciones de estudiantes, de recién nacidos y demás.

El formato del Mundial era distinto al que hoy conocemos. Empezaba con una fase de grupos de la que los dos mejores iban a parar a una segunda fase de grupos, compuesta por dos grupos y cuatro equipos en cada uno. El mejor de cada grupo sería el que disputara la final. Dos conjuntos eran claramente favoritos: la todopoderosa Alemania Federal de Rummenigge y una Holanda ya sin Johann Cruyff pero que continuaba siendo la Naranja Mecánica. A estos dos equipos había que sumar a la anfitriona.

Ninguno de estos equipos empezó deslumbrando en la primera fase, todos pasaron de ronda en segundo lugar: Argentina detrás de Italia, Alemania detrás de Polonia y Perú venció en el grupo de Holanda. Peor le fue a la Selección Española que quedó tercera de su grupo, por detrás de Austria y Brasil, y tuvo que hacer las maletas. Un empate ante Brasil y una victoria frente a Suecia no solucionaron la derrota en la primera jornada contra Austria por 2-1.

En la segunda fase, el Grupo A lo formaban Alemania Federal, Austria, Italia y Holanda. En la previsible batalla entre holandeses y alemanes estos últimos cayeron pronto. Con 2 empates y una derrota el camino llegaba a su fin para la selección germana. Holanda con dos victorias y un empate era el claro ganador del grupo y conseguía su pase a la ansiada final. En segundo lugar quedaba Italia con una victoria, un empate y una derrota. Este segundo puesto le daba acceso al partido por el tercer y cuarto puesto.

En el Grupo B la batalla era entre países americanos: Brasil y Argentina. La batalla estaba reñida cuando se llegaba a la tercera y última jornada. En la primera jornada ambos conjuntos se habían impuesto en sus partidos: 3-0 ganaron los brasileños a Perú y por 2-0 lo hizo Argentina ante Polonia. En la segunda jornada les tocaba enfrentarse entre sí. Ninguno de los combinados consiguió batir al portero rival por lo que todo quedaba para el último partido. Al contrario de lo que ocurre en la actualidad, en 1978 la última jornada no se celebraba simultáneamente por lo que Brasil empezó jugando a pesar de las protestas por la clara situación desfavorable. La victoria carioca por 3-1 ante Polonia ponía las cosas casi imposible para la albiceleste, que se veía obligada a ganar por cuatro goles de diferencia. Era 21 de junio, el reloj marcaba las 19:45, Argentina y Perú ya estaban sobre el césped y el recién estrenado Tango iba a echar a rodar

Ramón Quiroga

Argentina y Perú se encontraban en 1978 bajo un mandato militar, el general Francisco Morales Bermúdez era desde 1975 el presidente de la cúpula militar tras la Revolución de las Fuerzas Armadas en 1968. Otro aspecto que tenían en común era al portero que defendía los palos de la Selección Peruana. Bajo el arco se encontraba Ramón Quiroga, un argentino nacionalizado peruano.

Quiroga venía realizando un excelente campeonato. De hecho, hasta este Mundial de Brasil tenía el récord de mayor número de paradas en un partido. Fue en la primera ronda, en el empate a cero de Perú contra Holanda donde realizó 13 paradas. Las catorce paradas del estadounidense Tim Howard ante Bélgica han superado esta marca.

Pero este buen rendimiento dio un giro claro en este último partido del grupo, aunque Quiroga ya había encajado tres goles ante Brasil. La Selección Argentina salió nerviosa al campo y los peruanos tuvieron varias ocasiones en los primeros minutos. Poco tardó Perú en desdibujarse y empezar a regalar ocasiones a la albiceleste. Con 2-0 se llegó al descanso, y dos goles en los primeros cinco minutos del segundo tiempo daban el pase a la final a los argentinos. Aun así, todavía hubo tiempo para un par de goles más que llevaron al 6-0 final. Argentina estaba en la final y Brasil ponía rumbo al partido por el tercer puesto, que se acabaría llevando tras ganar por 2-1 a Italia.

Las sospechas ante este partido no tardaron en aparecer. Varios testigos afirman que Videla, Massera (militar argentino que resultó culpable por crímenes de lesa humanidad) y unos cuantos militares entraron en el vestuario peruano antes del partido. La posibilidad de que existieran primas por haberse dejado golear sigue a día de hoy presente. Argentina no tuvo rival en ese partido. Los peruanos regalaron el balón constantemente y cedieron multitud de ocasiones gracias a errores totalmente impropios de jugadores profesionales.

A pesar de esta debilidad defensiva, los focos apuntaron a Ramón Quiroga, el portero argentino nacionalizado peruano. Todavía hoy se afirma que el culpable de la derrota fue Quiroga, a pesar de que éste siempre ha negado cualquier dejadez en dicho partido. El portero se escuda en que todos los remates fueron a bocajarro y eran imposibles de parar por cualquier arquero. Viendo los goles se observa que mayoritariamente Quiroga tiene razón. Todos los goles fueron mediante remates desde las inmediaciones del área pequeña y resulta improbable una posible intervención del portero.

A pesar de ello, Ramón Quiroga fue, es y será siempre el gran señalado por la goleada. Quiroga no es una persona que se muerda la lengua y no ha dudado en señalar a algunos de sus compañeros. Siempre se ha mostrado seguro de que hubo dinero de por medio, aunque él no recibió nada. También su dedo acusador señala a Marcos Calderón, el técnico, y admite las tesis que afirman que los sobornados fueron los negros del equipo.

También Ramón Quiroga sostiene su defensa en Dios. Para el arquero él se siguió dedicando al fútbol (fue entrenador de distintos equipos peruanos; ahora es comentarista) porque fue honrado y no “agarró guita” mientras que afirma que “de los que habrán agarrado guita varios murieron, y otros murieron para el fútbol”.  Quiroga pone ejemplos: Rojas no había jugado ningún partido y jugó aquél; años después murió en un accidente. También el técnico Calderón murió en un accidente aéreo. Por el contrario, Ramón Quiroga sobrevivió a un atentado en un estadio. Esto, para Quiroga, es un claro ejemplo de que Dios pone a cada uno donde merece.

El Mundial se lo acabó llevando Argentina (según Quiroga merecidamente aunque se doparan) tras la victoria por 3-1 ante Holanda con un gran Mario Kempes. Así comenzó la historia de los mundiales para Argentina, un comienzo que siempre tendrá la mancha de un arquero argentino nacionalizado peruano que encajó 6 goles de la albiceleste.

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