Gran Imaginador
mayo 16, 2021
Cine

El feminismo a disposición del capitalismo: el purple washing en el cine y las series

Es ocho de marzo y, junto con todas las actividades relacionadas con el Día de la Mujer, se han ido acercando, para estallar hoy, todas las campañas de marketing que buscan despolitizar el movimiento, blanquearlo, limpiarlo. Las marcas y las empresas fingen un apoyo al movimiento feminista en una fecha señalada cuando el resto del año no hay una implicación para con el movimiento. A esto se le llama purple washing (término acuñado por Brigitte Vasallo).

Cada vez soy más consciente de que el purple washing no solo se da el ocho de marzo. Con el auge del feminismo se han ido “uniendo” al movimiento marcas y empresas que no tienen un interés real por buscar la igualdad, sino hacer dinero. Y la industria del cine no se libra de esto. Vivimos en un sistema que capitaliza cualquier lucha en auge, también pasa con el veganismo, ecologismo, etcétera. Y en todos los casos se nos presenta la disyuntiva, al menos a mí, de si esto ayuda de algún modo al movimiento o le da mayor visibilidad, aunque surja de un interés capitalista y no de una implicación real ¿Hasta qué punto está mal que el feminismo sea una moda?

Fotograma de la película Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1976)
Fotogramas de la película Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1976)

Es importante tener presente que el ser activista o, en este caso, feminista no te libera de vivir en un sistema capitalista y de haber sido educada con unos valores patriarcales y misóginos. Por ello, ninguna debe sentirse mal si, por ejemplo, en el intento de ser más y mejores feministas hemos consumido productos de marcas que no están comprometidas verdaderamente con el feminismo.

Una vez tenemos esto claro, y como se trata de un aprendizaje, debemos ser conscientes de que es importantísimo ser críticas con lo que consumimos, puede que a veces la intención que hay detrás de un producto no esté tan clara. Esto ocurre mucho con las películas, por ejemplo, o con algunas cuentas en las redes sociales. Creo que el problema de que el feminismo se convierta en moda está en la desvalorización de su importancia y la desvirtuación de sus objetivos e intereses. No está mal que te sumes al carro si quieres formar parte del movimiento y vas a luchar desde el lugar que te ocupa. Yo misma he hecho esto desde mis redes. Porque el feminismo me ayudó a darme cuenta de que estaba viviendo situaciones muy tóxicas y peligrosas y me dió la fuerza para valorarme y salir de ellas. Así como me sigue ayudando a ser crítica conmigo misma y con las actitudes tóxicas aprendidas entonces que aún arrastro. El feminismo me ayuda a conocerme mejor, quererme más, aceptarme, ser más feliz, aprender… y por ello decidí sumarme y aportar mi granito de arena. Porque si a mí me sirve cada día quizás a otras también. El feminismo no puede convertirse en la nueva excusa para enfrentarnos, no debemos competir por ser mejor feminista que nuestras compañeras, el femnismo es un lugar seguro donde nos abrazamos unas a otras para luchar las unas por las otras.

Fotograma de la película Una cuestión de género (2018)
Fotograma de la película Una cuestión de género (2018)

En este sentido, últimamente me he dado cuenta que cada vez son más las películas y las series sobre la idea romantizada del “empoderamiento” femenino (o sobre la emancipación de una mujer concreta, dependiendo de la historia que veamos). Algunos títulos son: En tierra de hombres, Una cuestión de género, Madame Curie o Gambito de Dama. Generalmente se trata de mujeres tan guapas como poderosas que se salen de la norma y consiguen triunfar en un mundo masculino. Vamos, el típico “viaje del héroe”, pero con una protagonista femenina. Hay mucho de esto, historias personales, excepcionales y paradigmáticas, y muy poco de visibilizar al común de las mujeres. Todo esto no es más que una estrategia de marketing en la que usan las historias de superación femenina como oportunidad de mercado.

Pero claro,tampoco estamos como para criticar esta situación, es agradable sentirse más representada en el cine y poder ser una protagonista fuerte y emancipada. Aunque hay que tener cuidado con idealizar estos ejemplos. En general se está despolitizando la lucha, se convierte en un objetivo personal e individual y no de empoderamiento como nos lo quieren vender. Ya que el empoderamiento supone el beneficio equitativo para todas las partes. No se tiene tanto en cuenta la opresión de un sistema machista como las cualidades personales de la protagonista. Siempre está bien tener nuevas figuras como referentes femeninos, pero lo que necesitamos es el reconocimiento de todo el trabajo que hemos hecho las mujeres a lo largo de toda la historia, ello implica principalmente el trabajo doméstico y de cuidados. ¿Qué pasa con el común denominador de mujeres que se quedaban en casa? Porque esas fueron mis abuelas, bisabuelas y tatarabuelas.

Fotograma de la serie Gambito de Dama (2020)
Fotograma de la serie Gambito de Dama (2020)

Estas películas son fáciles de ver, agradables y cómodas. Porque esto es lo que interesa, tener a todos contentos. Además, siempre se trata de historias del pasado, como si ya no existiese el machismo. Gracias a la lucha que llevamos a nuestras espaldas hay muchas cosas que ya no tenemos que escuchar, aunque a veces es más porque se ha aprendido que hay cosas que es mejor no decir en público en lugar de porque ya no se tenga un pensamiento misógino y machista. Pero siguen existiendo mecanismos sistémicos que nos oprimen, menosprecian y discriminan.

Conclusiones y algunos ejemplos de películas feministas

Fotograma de la película La virgen de agosto (2019)
Fotograma de la película La virgen de agosto (2019)

No soy especialista en cine ni lo pretendo. Esta es mi opinión personal y como historiadora y divulgadora. Como ya he mencionado, siempre está bien que cada vez estemos más representadas y que existan más referentes femeninos, sobre todo para las niñas y adolescentes. Pero no podemos conformarnos con biografías, casi meramente, meritocráticas. Necesitamos personajes complejos con profundidad y realistas como decía María Castejón en su entrevista para elDiario.es. No siempre el objetivo es alcanzar el éxito laboral o de cualquier otro tipo, si no el retrato de los conflictos cotidianos y la violencia tanto física como sistemática que hemos sufrido las mujeres en general, a lo largo de toda la historia. Por lo que he podido investigar, porque no he tenido la oportunidad de verlas todas, algunas películas que ejemplifican esto, pasando de clásicos a películas más recientes, son:

Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1976)

Una canta, la otra no (1977)

A question of silence (1982)

Tomates verdes fritos (1991)

Thelma & Louise (1991)

Todo sobre mi madre (1999)

Persépolis (2007)

La virgen de agosto (2019)

The assistant (2019)

Moxie (2021) Una revisión de la clásica película americana de instituto, muy recomendada para el público más joven.

 

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