Gran Imaginador
junio 14, 2021
Series

Curro Jiménez

Introducción

El 22 de diciembre de 1976 se estrenaba en TVE el primer capítulo de una serie que haría historia en la ficción televisiva de este país: Curro Jiménez. El barquero de Cantillana nos mostraba a un joven barquero interpretado por Sancho Gracia al que los poderes fácticos del pueblo le privaban de su medio de vida y le iban acorralando hasta que lo le quedaba más remedio que coger su escopeta y su navaja, hacer justicia por las bravas y echarse al monte. Tras este primer capítulo, vendrían otros 39, un total de 40 episodios repartidos en tres temporadas entre 1976 y 1979. El plano del Algarrobo y Curro cabalgando rumbo al horizonte por las playas andaluzas en El caballo blanco fue el que cerró la serie original.

Curro Jiménez no fue solamente un entretenidísimo espectáculo de acción y aventuras protagonizado por un bandolero españolazo y machote y sus seguidores. Se trató también de una serie política, con un mensaje democrático y antidespótico encarnado en ese personaje principal incapaz de soportar una injusticia. El carácter educador de la serie se hace más visible, sobre todo, en los últimos capítulos de la última temporada, en los que Curro se alinea junto a los liberales que combaten el absolutismo criminal y gañán de Fernando VII en los meses anteriores al pronunciamiento de Riego. En pleno 1978, que Sancho Gracia se plantara en En la sierra mando yo y dijera: «El absolutismo es injusto. Oprime a los débiles, calla a la voz del pueblo, solo favorece a los nobles y a los caciques, no me gusta», dejaba poco margen para la interpretación. Es una de las razones por las que la serie caló de la manera en la que lo hizo: era imposible no sentirse identificado con las ideas que defendía.

La otra razón es la altísima calidad en su factura. Curro Jiménez está concebida como una superproducción. El alto nivel del reparto, sobre todo en los personajes episódicos, el rodaje en exteriores y localizaciones naturales, el amplio uso de recursos como grúas y raíles y el cuidado que se puso en la recreación de armas, vestuario y escenas de acción son prueba de ese carácter de producción de alto presupuesto. El resultado es una ficción televisiva con una marcada vocación cinematográfica, que se vio incrementada por la gran profesionalidad de los directores que la fueron realizando. Y la presencia casi total de Antonio Larreta en los guiones de la serie, o de Álvaro y Guido Castillo en su defecto, dotó al universo de Curro Jiménez de una gran coherencia temática, que se mantenía a pesar de que la ficción jugaba (como ahora hace muy inteligentemente El Ministerio del Tiempo) con la adaptación de distintos géneros cinematográficos, principalmente el western adaptado al espacio-tiempo de la Andalucía decimonónica.

El legado de la serie fue enorme. En 1978 se filmó una película, Avisa a Curro Jiménez, dirigida por Rafael Romero-Marchent. En 1995, Antena 3 produjo una segunda parte nostálgica que seguía las aventuras de Curro y el Algarrobo, ya maduros, en América, y que también contaba con Jorge Sanz. Pero, sobre todo, la herencia de Curro Jiménez es cultural y sentimental. ¿Quién no ha visto la serie con algún abuelo? ¿Quién no la ha cazado en una somnolienta sobremesa una de las eternas reposiciones de La 2? ¿Quién no ha hecho algún chiste a algún amigo a costa de sus patillas a lo Curro Jiménez, o alguna broma subida de tono en la que los trabucos andaban de por medio? Y el colmo de la posmodernidad es esta canción-homenaje de Mojinos Escozíos, claro:

Así pues, vamos a detenernos en contar quiénes fueron los protagonistas, quiénes estuvieron a cargo de la dirección, qué grandes actores aparecieron a lo largo de la serie y, por último, seleccionaremos cuatro capítulos en los que Curro Jiménez trascendió el formato televisivo y se colocó a la altura del mejor cine. Al fin y al cabo, no se cumplen todos los años los 40.

 Protagonistas

El origen de la popularidad de Curro Jiménez residió, sobre todo, en la capacidad de sus protagonistas de generar simpatía por parte del espectador. Veamos las características de cada uno de ellos:

– Curro Jiménez: El rey indiscutible de la sierra de Andalucía y el dueño y señor de la función. Sancho Gracia llenó a rebosar la pantalla de carisma con este bandolero chulo, apuesto, listo como el hambre, taciturno y reflexivo en ocasiones, pero siempre presto para la acción. Tras la interpretación de Gracia, es difícil imaginar a otro actor en el papel. La voz grave y rasgada con que conquistaba a las mujeres a su paso, daba órdenes a sus hombres y sentenciaba a muerte a sus enemigos están tan unidas al bandolero como aquellos andares elegantes, pausados, fieros, imperiales, en los que los brazos se movían simultáneamente, acompasándose al cuerpo erguido, y la forma de cabalgar majestuosa, con la mano a la cintura, que se gastaba el amigo Curro. El eclecticismo de la serie puso a Sancho Gracia el reto de adaptarse a las habituales escenas de acción, pero también a la comedia, al misterio y al drama más trágico. Salió airoso de todos los trances, como hacía su propio personaje, y se reservó con ello un hueco en la memoria colectiva de la ficción de este país.

El Algarrobo: La mano izquierda de Curro era este personaje sencillo, simple y bonachón. Álvaro de Luna dio con la tecla perfecta de este hombre entrañable por borrico. Algunas de las escenas más cómicas de la serie las protagoniza él al intentar aprender a leer, a jugar a las damas o al ser engañado por cualquiera. El Algarrobo se convirtió en el Bud Spencer español cuando repartía con alegría unos mamporros a martillo y a rodabrazo que ya quisiera el mítico actor italiano. En algunos capítulos se profundizó un poco más en el personaje y, así, le vimos adoptar a una niña huérfana en El tío Pedro y mantener una relación con una joven bruja (interpretada por Verónica Forqué) en El bosque de las brujas. Las características del Algarrobo, que Álvaro de Luna supo explotar intensamente, relucían aquí con luz propia: la ternura del bruto y la sencillez vital, a lo Sam Gamyi, que le llevaban a ser un padre para aquella ricura de niña por el simple hecho de que era lo que había que hacer. El contrapeso que ejercía con la figura de Curro y la pareja cómica que formaba con el Estudiante terminaban de completar una concepción del personaje muy efectiva.

El Estudiante: Y si el Algarrobo emulaba en parte a los personajes de Bud Spencer, el Estudiante no podía ser otro que Terence Hill. Bribón, truhan, belitre de marca mayor, es probablemente el que más se divierte con las trapacerías de los bandoleros. El apodo le viene de su pasado como bachiller en la Universidad de Sevilla, por lo que el Estudiante es el «intelectual» del grupo. José Sancho estuvo inolvidable en el papel del lugarteniente de Curro, y no sabemos muy bien si la fama de sinvergüenza que acompañó siempre al actor se originó en el Estudiante o fue al revés. Aunque el personaje aporta las escenas cómicas de la serie con mil y un disfraces o emparejado con el Algarrobo, al que siempre anda picando, también hubo algunos capítulos en los que se pudo ahondar más en él. Así, conocimos sus orígenes y a su familia en En la boca del diablo, y en El péndulo y Con las horas contadas le vimos vivir una trágica relación de amor en la que surgía un fondo generoso y bondadoso. Al igual que ocurría con Curro y con el Algarrobo, la risa de José Sancho siempre quedaría emparejada a las trastadas del Estudiante.

El Fraile: Durante la primera temporada, el cuarto en discordia fue un fraile que se unía al trío protagonista en el segundo capítulo, Un estudiante, un fraile y un algarrobo. No se le dio mucho más pábulo al personaje interpretado por Francisco Algora, un bandolero religioso que se santiguaba después de pegar un trabucazo y que tuvo divertidas intervenciones simulando ser el secretario de un jeque árabe en Aquí durmió Carlos III y acompañando a un cura beatón mientras el resto intentaba robar el tesoro de un usurero en La Dolorosa. Encontró la muerte al final de la primera temporada a manos de Víctor Areco, un bandolero rival, en uno de los mejores capítulos de toda la serie. Aunque su trayectoria fue corta, la figura de la capucha puntiaguda a caballo que encarnaba el Fraile también ha pasado a ocupar su lugar en el mito de Curro Jiménez.

El Gitano: Una vez que desapareció el personaje del Fraile, comenzó a ocupar su lugar como cuarto componente del grupo uno de los actores que ya habían aparecido de fondo en capítulos en los que la banda de Curro era más numerosa. Se trataba del Gitano, interpretado por Eduardo García. García era un especialista del spaguetti-western. Participó, de hecho, en La muerte tenía un precio, y por ello sus intervenciones en la serie son de poco diálogo y mucha acción. Sus líneas se reducían a una o dos por capítulo, con suerte, pero siempre que había una persecución a caballo, o un animal que dominar, allí aparecía Eduardo García para exhibir sus habilidades ecuestres.

Directores

Otro de los factores del éxito de la serie es el impresionante plantel de directores que la realizaron. Estos son algunos de los más importantes:

Joaquín y Rafael Romero-Marchent: Entre los dos hermanos Romero-Marchent dirigieron una gran parte de Curro Jiménez: doce episodios Joaquín y tres Rafael, que además apareció como coprotagonista en el capítulo Los desalmados. Ambos venían de haber dirigido en la década anterior varias películas del spaguetti-western, con repartos que mezclaban actores italianos y españoles, así como una saga de El Zorro, también italiana. Por ello, eran idóneos para dominar las escenas de acción y tiroteos con las que solían culminar los capítulos de la serie. Joaquín dirige sus episodios con oficio y efectividad, sin florituras autorales y adaptándose a las necesidades de los guiones. Así, es capaz de moverse con comodidad entre los géneros que iban salpicando la serie: la acción pura y dura de El servidor de la justicia, el drama familiar de Una larga ausencia, el romanticismo trágico de El péndulo y Con las horas contadas, la comedia de El míster e incluso los tintes sobrenaturales de El bosque de las brujas. Además, cuenta con el privilegio de haber dirigido los tres primeros capítulos de la serie, en los que se presentaba a los personajes y el universo en el que estos se movían. Por su parte, Rafael, de la misma escuela, realiza con profesionalidad La promesa en clave de thriller y juega con un sentimentalismo efectivo y sincero en El tío Pedro. Menos logrado, quizá, estaría el capítulo La trampa.

Mario Camus: Fue el director con más proyección de los que participaron en la realización de Curro Jiménez. En 1977, ya había llevado a Sancho Gracia en la serie Los camioneros, y después conduciría adaptaciones literarias en la pequeña pantalla (Fortunata y Jacinta, La forja de un rebelde) y, sobre todo, en la gran pantalla, con las excelentes La Colmena, Los santos inocentes y La casa de Bernarda Alba. Es el segundo director con más créditos tras Joaquín Romero-Marchent: su nombre encabeza hasta diez capítulos. La huella autoral de Camus se percibe más, sobre todo en su gusto por el movimiento de cámara. Las cabalgadas de Curro y sus hombres están rodadas con grúas y raíles, conformando unos larguísimos y espectaculares travellings, muy cinematográficos. Como ejemplo concreto tomamos el principio del capítulo En la boca del diablo, una de las secuencias más brillantes de toda la serie, que constituye un fresco realista conformado por largos planos que recorren los pies de los jornaleros mientras trabajan que recuerda a las pinturas de Millet. También en los diálogos se nota esa afición al plano secuencia, como se puede apreciar en la bellísima secuencia de la conversación entre Sancho Gracia y Charo López en La mujer de negro. Como los Romero-Marchent, Camus basculó con tino entre distintos géneros: el de pillos y pícaros en En la loca fortuna, el romántico en El fuego encendido, el épico desmitificador en La leyenda de Zacarías Mendoza e, incluso, el subgénero del boxeo con El campeón de Almería. Mario Camus sería el encargado de cerrar de forma magistral Curro Jiménez con el excelente capítulo El caballo blanco.

Pilar Miró: Otro nombre de prestigio que aportó su gran talento a la serie fue el de Pilar Miró. La directora madrileña dirigió solo cinco capítulos, pero dejó una impronta imborrable en todos ellos. De todos los realizadores que pasaron por las tres temporadas de Curro Jiménez, ella es la que más marca de autor imprimió. Hay algo intangible que rezuma las entregas dirigidas por Miró que las convierte en inconfundibles. Es imposible discernir si se trata de la duración de los planos, de la escala o el ángulo que elige o de la dirección de actores, pero existe una sensibilidad especial en su dirección. Los rehenes es el capítulo más bello de toda la serie; Los piadosos y los pícaros rebosa sensualidad camuflada en una historia de truhanes; La noche de la garduña es un noir apasionante, y La mejor lección tiene el trasfondo político que caracterizó al último tramo de la serie. Curro Jiménez, indudablemente, habría sido una serie más mediocre sin el toque de Pilar Miró.

Fernando Merino: Aunque Fernando Merino es probablemente el director menos interesante de los que trabajaron en Curro Jiménez, su labor dio como resultado cinco capítulos en la media de entretenimiento y artesanía en la que se movía la serie. Los desalmados nos brindó a uno de los villanos más patológicos e intensos de la serie; En la sierra mando yo participaba del mensaje político que ya hemos mencionado anteriormente con Pilar Miró, muy atrevido teniendo en cuenta que solo era 1978; La batalla del vino de Jerez es un divertido capítulo de pillos con Carlos Larrañaga de los que la ficción ofrece con cierta frecuencia; y el menos logrado, quizá, es Atrapados, uno de los episodios que resultó más flojo a pesar de partir de premisas atractivas.

Francisco Rovira Beleta y Antonio Drove: Fueron los dos directores que menos capítulos tienen en su haber de la serie, con tres cada uno. El catalán, autor de Los tarantos o Los atracadores, tuvo tres intervenciones prácticamente seguidas en la primera temporada en la que, como el resto de realizadores, tuvo que adaptarse a la versatilidad de la serie. Su principal aportación, además de la comedia de La Dolorosa, fue el brillantísimo western crepuscular, muy inspirado por Sam Peckinpah, del capítulo Carambola a tres bandas. Y si Rovira-Beleta bebió del Oeste moderno, Antonio Drove hizo lo propio con el cine negro clásico en El destino de Antonio Navajo, otra cumbre de la serie en la que trabaja con mucho esmero a los personajes femeninos. Drove, que quizá es el director con menos carrera de todos los que participaron en Curro Jiménez, también realizó otros dos sólidos trabajos en la primera temporada como son Aquí durmió Carlos III, que tiene hilarantes momentos de comedia, y La gran batalla de Andalucía, el capítulo de más épica nacional contra los franceses.

Actores invitados

Uno de los principales atractivos de Curro Jiménez es esperar para ver cuál será el actor invitado de cada capítulo. Los mejores intérpretes nacionales de la época y algunas jóvenes promesas que se confirmarían posteriormente desfilaron con mayor o menor fortuna por la Andalucía decimonónica de la serie. Estos son algunos de ellos:

Lola Lemos: Secundaria del cine español de la década anterior (Sor Citroën, ¿Qué hacemos con los hijos?), habitual de las producciones televisivas de la época (Estudio 1, Cañas y barro, Fortunata y Jacinta) y episódica en papeles de señora mayor en las series de los 90 y los 2000 (Los ladrones van a la oficina, Menudo es mi padre, El comisario, Compañeros, Hospital Central), Lola Lemos interpretó a la madre de Curro Jiménez. Acompañó a Sancho Gracia en el primer capítulo, El barquero de Cantillana, como mujer y madre sufridora, de las que lidian con las desgracias con esa resignación tan católica y española. Más adelante, en El retorno al hogar, los enemigos del bandolero la utilizaban como cebo para tender una trampa a Curro. De nuevo, la actriz tiraba de todo su repertorio de dolor y preocupación. Por último, uno de los episodios más injustos de la serie fue el de su muerte, Entierro en la serranía. Las escenas entre Sancho Gracia y ella son estupendas, y ambos actores son capaces de irradiar un cariño mutuo perfectamente creíble y, en ciertas ocasiones, emocionante.

– Florinda Chico: Entre el repertorio de personajes femeninos que apareció a lo largo de las tres temporadas de Curro Jiménez, no podía faltar el de la mujerona a la que no se le pone nada por delante y que domina a fuerza de carácter a su marido, a sus huéspedes y a quien haga falta. Para interpretarlo, se escogió a la gran experta del cine español: Florinda Chico. La misma personalidad arrolladora que se gastaba en los filmes de Paco Martínez Soria fue a parar a la posada de Aquí durmió Carlos III, donde no tiene ningún problema en abofetear a su marido, cantarle las cuarenta a un teniente francés o liarse con el Algarrobo, que es igual de bruto que ella. En uno de los capítulos más cómicos, la presencia de Florinda Chico supuso uno de los primeros fichajes de calidad para la serie que se agradece enormemente.

– Isabel Pantoja: Como curiosidad para los amantes de la copla, una de las primeras apariciones televisivas de Isabel Pantoja, y su primer trabajo como actriz, fue en Curro Jiménez, en concreto en el segundo y en el tercer capítulos. La tonadillera interpretaba a la cantante de la posada por la que merodea la banda de Curro Jiménez en su lucha contra los franceses y las autoridades de la España de José I. La Pantoja se hacía cómplice de Curro, el Estudiante y compañía, pero sus dotes interpretativas dejaban bastante que desear. Mucho mejores, sin duda, eran las escenas en las que cantaba copla en el escenario de la venta.

– Charo López y Alfredo Mayo: La mujer más bella que pisó España en la segunda mitad del siglo XX y el galán, ya maduro, que había sido icono del cine propagandista del primer franquismo se dieron cita en uno de los capítulos más graves de la serie. Mayo, como haciendo homenaje a sus papeles en filmes como Raza, A mí la legión o El santuario no se rinde, interpreta a un poderoso hacendado que tiene bajo la suela del zapato a un pueblo andaluz. Su amante, a la que guarda con un celo obsesivo, es Soledad, una mujer asustada que se ve en secreto con un hombre del pueblo, antiguo amigo de Curro Jiménez. Un ataque a este por parte de los secuaces del hacendado provocará la llegada de Curro, que se mueve entre los peligros del lugar. Charo López, que siempre fue una actriz de una intensidad extraordinaria, protagonizó escenas memorables en este capítulo, como la conversación en la playa a caballo con Curro o el desenlace del capítulo. Por su parte, Alfredo Mayo compuso a un personaje odioso, dictatorial, uno de los villanos más duros a los que se tuvo que enfrentar el bandolero.

– Silvia Tortosa: En la misma época en la que comenzó a presentar el programa Aplauso, Silvia Tortosa actuó en dos ocasiones en Curro Jiménez. La primera fue en la segunda temporada, en el capítulo El péndulo, y la segunda en la tercera tanda de episodios, en Con las horas contadas. Interpretaba a Carmen, una mujer joven a cuya casa iba a parar el Estudiante a esconderse tras un robo. El bandolero bribón encandilaba a esta mujer, a su padre y a su hijo, pero una enfermedad en los huesos de ella a resultas de una caída del caballo terminaría separando a los amantes. Silvia Tortosa encarnó con mucha convicción a uno de los personajes más trágicos de la serie, y protagonizaba momentos junto a José Sancho verdaderamente emocionantes.

– Luis Prendes: Otro prohombre de la interpretación española, Luis Prendes, dio vida a un nuevo villano, el cacique don Raimundo Olivares, un señor tiránico que, en la línea de lo mejorcito del capitalismo actual, exprimía hasta el último céntimo a los jornaleros que trabajaban para recoger su esparto. El enfrentamiento con Curro, por lo tanto, era inevitable, y el personaje de Prendes fue de los que más se acercó a acabar con la vida del bandolero. El plano final del capítulo En la boca del diablo es memorable: un primer plano de Prendes mirando furibundo a la plaza del pueblo vacía, mientras oye en su cabeza en off las advertencias de Curro.

– Manuel Alexandre: Fiel a su trabajo habitual, el personaje al que Manuel Alexandre dio vida en El campeón de Almería era un tipo normal: ni alto ni bajo, ni feo ni guapo, ni listo ni tonto, ni rico ni pobre, pero con ganas de mejorar su vida si la oportunidad se le ponía a tiro. Alexandre está en pantalla con esa sencillez que brinda la naturalidad interpretando y, así, se convirtió en uno de los episódicos más entrañables que pasó por la serie. Menos fortuna tenían los esfuerzos de su personaje para convertirse en un rico apoderado de boxeadores, pero, por suerte para él, por allí pasaban Curro y los puños del Algarrobo para sacarle del entuerto.

– Valeriano Andrés: El malhechor de Valeriano Andrés en Los desalmados es el personaje más exagerado, probablemente, de toda la serie. Don Guzmán de Montesa, su alter ego, es un noble asesino recluido en un penal andaluz que consigue escapar en compañía de los «desalmados» a los que se refiere el título. En su camino hacia un puerto que le permita embarcar con destino a América, el grupo va aterrorizando y extorsionando pueblos y aldeas, hasta que da con una protegida por Curro Jiménez. La interpretación de Valeriano Andrés es grandilocuente, excesiva, y dibuja fantásticamente a un sociópata megalómano muy particular y, por ello, muy peligroso.

– Irene Gutiérrez Caba: La hermana mayor de Emilio y Julia Gutiérrez Caba fue una de las grandes damas del teatro, el cine y, en menor medida, la televisión de España del siglo XX. Por ello, su presencia en el capítulo de la tercera temporada En la palma de la mano, junto a Teresa Rabal, es un auténtico lujo para Curro Jiménez. El suyo es un ejemplo de lo que una gran actriz puede sacar de un papel limitado. Porque su personaje, una madre que vive sola con su hija y que recoge a un Curro herido y amnésico, no es de los más jugosos entre todos los episódicos que aparecieron. Sin embargo, la presencia poderosa de Gutiérrez Caba y el toque sobrenatural de esa mujer que es capaz de sentir al ángel de la Muerte regalan algunas de las escenas más inquietantes de la serie. Curro Jiménez trató en más de una ocasión esa superstición de la mujer que algo tiene de bruja, y aquí los ojos azules, muy abiertos, de Irene Gutiérrez Caba y la forma seca que tiene de graznar su texto son magistrales. Toda una lección.

Capítulos brillantes

http://www.rtve.es/alacarta/videos/curro-jimenez/curro-jimenez-destino-antonio-navajo/3683376/

El destino de Antonio Navajo: Aunque ya se habían visto buenos capítulos en la serie como la comedia Aquí durmió Carlos III, el primer pico de gran calidad llegó en el sexto episodio de la primera temporada, titulado El destino de Antonio Navajo. Bajo la dirección de Antonio Drove y con guion, cómo no, de Antonio Larreta, el argumento del capítulo nos mostraba a un contrabandista, Antonio Navajo (José Suárez), dueño de la costa, que tenía un acuerdo con Curro Jiménez por el que los productos que llegaban a las calas escondidas eran protegidos después por el bandolero en la sierra. Una traición de los hombres de Navajo desencadena una guerra entre ambas bandas. La sinopsis, no obstante, es engañosa, porque en este episodio quien realmente importan no son los hombres, sino las mujeres.

Por un lado, Terele Pávez es una prostituta que busca mejorar sus condiciones de vida y azuza al Moñudo, uno de los hombres de Navajo, para que entregue a su jefe y a Curro y gane la recompensa. Por otro lado, una jovencísima Kiti Mánver interpreta a una joven pelirroja, a la que llaman la Roja, que está enamorada del Navajo y que intentará por todos los medios detener el enfrentamiento entre ambos. Así, llega un momento del capítulo en el que el espectador se da cuenta de que en verdad está viendo un film noir ambientado en la serranía andaluza, con roles tan clásicos como el de la femme fatale (maravillosamente interpretada por Terele Pávez), la mujer salvífica opuesta a ella (Kiti Mánver) o el hombre engañado, incapaz de resistirse a la influencia de la fémina malvada (el Moñudo, a lo Fred McMurray). Esas mujeres manejando a su antojo el destino de hombres poderosos y la adaptación de los presupuestos del género negro son lo que convierte a El destino de Antonio Navajo en una de las joyas de Curro Jiménez.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/curro-jimenez/curro-jimenez-carambola-tres-bandas/3684397/

– Carambola a tres bandas: Tan solo tres capítulos después, en el noveno de la primera temporada, llegaba otra de las entregas que hemos seleccionado. Carambola a tres bandas, dirigido por Francisco Rovira-Beleta y con guion de Antonio Larreta, une a la banda de Curro con otros dos grupos de bandoleros con los que tiene un pacto para repartirse el territorio. Uno de ellos, Higueras, convoca una reunión para descubrir a un traidor que le ha estado matando a los hombres, entre ellos a su hijo mayor. Cuando el encuentro acaba, el viejo bandolero se dirige con su hijo pequeño a través de las tierras del tercer jefe, Víctor Areco, pero es traicionado por este y por uno de los hombres de su banda. Sus hombres son masacrados y él mismo se sacrifica para procurar la huida de su hijo. Este irá a pedir ayuda a Curro Jiménez, que se enfrentará a Areco.

Aunque Curro Jiménez es, en general, una serie western, Carambola a tres bandas es el episodio que se asemeja de forma más brillante al cine del Oeste. Y western crepuscular, además: Rovira-Beleta se inspira directamente en los filmes de Sam Peckinpah, como atestiguan, por ejemplo, las escalas de plano elegidas en los distintos momentos. Los momentos previos a la muerte de Higueras, que se produce en off, son inquietantes por el uso de un primer plano desquiciante, mientras el bandolero grita para dar a conocer su posición y permitir la huida de su hijo, mientras que el general es bien usado en el clímax final en las montañas. Se ve también a Peckinpah en la relación entre los hombres: entre Areco y su lugarteniente hay una sumisión y una suerte de cariño extrañísimo, que recuerdan mucho a los dos canallas que viajaban con Robert Ryan en Grupo salvaje.

Pero, sobre todo, es en las escenas de acción donde mejor se ve al rebelde director. Tras la primera refriega que acaba con la muerte del Fraile, Curro, el Estudiante y el Algarrobo persiguen a los supervivientes de la banda de Areco. Se encuentran con ellos en un pueblo abandonado y la pelea es rabiosa. Hay caídas a cámara lenta, el Algarrobo es herido de una puñalada, Curro dispara a la cara al lugarteniente del bandido traidor… Y el duelo final en la montaña a navaja, en la nieve, tiene un brío espectacular. Largo y montado con primeros planos de corta duración, es el mejor de este tipo que hay en la serie. Por eso Curro Jiménez es un western: porque al final se reduce a dos hombres irreconciliables midiendo sus diferencias a muerte. Poco importa que sea con un revólver o con una faca enorme en la mano derecha y una manta enrollada en la izquierda.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/curro-jimenez/curro-jimenez-rehenes/3684438/

Los rehenes: La primera temporada de la serie fue magnífica y prueba de ello es que el tercer capítulo que hemos escogido es, precisamente, el siguiente a Carambola a tres bandas. Los rehenes fue el primer episodio que dirigió Pilar Miró en Curro Jiménez (los otros cuatro tendrían lugar en la tercera temporada). Ya hemos dicho en el apartado de directores que el trabajo de Miró al frente de la serie fue soberbio, y he aquí por qué. Si el capítulo anterior había contenido una violencia cansina, rabiosa y crepuscular, en este la sensibilidad está por doquier. Una sensibilidad profunda, trabajada, muy alejada del sentimentalismo barato. Nunca se ahondó tanto en el alma del personaje de Curro Jiménez como en este capítulo.

Se enfrenta Curro en Los rehenes a un especulador, espía de los franceses en la Guerra de Indendencia, que había provocado el suicidio de un amigo suyo ahogándole con préstamos. Como represalia, destruye propiedades recién adquiridas del usurero y este, a su vez, secuestra al hijo huérfano del amigo de Curro. Con el fin de forzar un intercambio de rehenes, el bandolero secuestra a la hija de la condesa di Alloro (Fiorella Faltoyano), con la que el villano planeaba casarse para dar un brillo de nobleza a su apellido. Sin embargo, durante el cautiverio surgirá el romance entre ambos personajes.

El capítulo está hecho con una gran dulzura. En una de las escenas, Curro cabalga hasta la playa, donde se queda pensativo mirando al mar, preocupado por la suerte del hijo de su amigo. Mientras una de las composiciones habituales de la serie, grandiosa, de violines, suena de fondo, la cámara va rodeando a Curro, cambiando entre el primer plano y el plano medio, mostrándonos de forma externa el sufrimiento interno del personaje. Los encuentros entre Sancho Gracia y Fiorella Faltoyano, que compuso a una mujer tan resignada como adorable, son también bellísimos, en las dunas de la playa con un atardecer fotografiado de manera soberbia. Y la secuencia de créditos del capítulo es absolutamente emocionante. Por primera vez en la serie, Curro se ha enamorado realmente de alguien, y verla partir le devasta. Mientras aparecen los créditos suena otra de las maravillosas melodías de la serie, esta vez de guitarra, mientras la cámara se detiene con un aplomo impresionante en un primer plano de Curro y la cabeza de su caballo. El animal cabecea, y Sancho Gracia alterna caricias hacia la montura con una mirada dolorida hacia el horizonte. Solo en estos dos minutos hay más genio cinematográfico que en todas las series de caspa y triángulo de cámaras que se hicieron en los 90 y los 2000.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/curro-jimenez/curro-jimenez-noche-garduna/3702282/

La noche de la garduña: No es casualidad que finalicemos esta selección con otro capítulo de Pilar Miró, esta vez el décimo de la tercera temporada. En esta ocasión, el cine negro vuelve a Curro Jiménez de manera aún más intensa que en El destino de Antonio Navajo. La noche de la garduña es un thriller oscuro con todos los ingredientes: un muerto de pasado aparentemente intachable, una bella viuda cuyas intenciones no están claras, un joven heredero ingenuo y sentimental y una organización secreta a cuya cabeza se encuentra un villano con pinta de pájaro de mal agüero. Y, por encima de ellos, Curro Jiménez controlando la situación, investigando y resolviendo, como los fantásticos personajes a los que dieran vida Edmond O´Brien o Edward G. Robinson.

El trabajo de Jaime Blanch como Gustavo, el joven heredero del hombre que aparentemente se ha suicidado, es impecable, así como la interpretación de María del Puy, de una ambigüedad perfecta. Y Pilar Miró ejecuta un trabajo fantástico con el guion de Antonio Larreta, dotando al capítulo de una atmósfera tenebrosa acorde con los hechos, pero sin perder la sensibilidad que caracterizó su forma de realizar sus episodios de la serie. Está presente en las escenas de Blanch, en su relación con la viuda, en la manera de Curro de lidiar con unos y con otros… Una auténtica maravilla ya próxima al final de la serie.

 

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